Espiando Bajo La Falda De Mi Prima Site

—Si no te vas, juro que llamaré a papá —amenazó, esta vez más seria. —No hasta que me digas qué demonios es ello —sostuve, señalando el objeto.

—¿Estás espiando a papá por fin? —gruñí, medio en broma. —No digas tonterías —ordenó, pero su voz tembló—. Mañana todo cambia. Anda, vete. espiando bajo la falda de mi prima

Ella suspiró, casi como si estuviera cansada de mentir. Le quité el dispositivo con cuidado: era un transmisor, como los que vimos en las películas, capaz de enviar códigos a satélites. En su pantalla, un mapa de la ciudad parpadeaba, señalando un punto en el puerto. Un almacén. —Si no te vas, juro que llamaré a

Corrí a mi habitación. No para ayudarla, sino para ver con mis propios ojos qué tipo de mundo oculto existía más allá de sus pliegues oscuros. Al día siguiente, el puerto estalló en noticieros: una red de espías había sido desmantelada. —gruñí, medio en broma

La noche caía sobre El Carmen, aquella tranquila ciudad donde todo parecía dormir bajo el velo de la oscuridad. Pero yo no dormía. Con 16 años, una mente curiosa y un teléfono que no dejaba de vibrar por mensajes de mis primos sobre "el plan perfecto para la fiesta de Halloween", mi atención se desvió por un ruido extraño en la casa de mis tíos.